miércoles, 23 de junio de 2010

La culpa de todo

no la tiene Yoko Ono. La tiene la teta.
Está muy bien visto últimamente lo de dar el pecho. Por fin. Pero hay mucha gente que lo ve como una moda, como una novedad pasajera. Total, los médicos hoy dicen una cosa y mañana otra.
Pero dar el pecho no es una afición. Es lo natural, lo que vienen haciendo los mamíferos desde que la evolución así lo determinó hace muchos millones de años.
La leche de fórmula, en cambio, nació hace siglo y medio.
Entonces, ¿por qué tomamos como referencia para todo a los niños que toman biberón?
Hasta que se extendió el consumo de leche artifcial (años 60 en España) los niños engordaban, dormían y funcionaban de una determinada manera: la que marca la biología. Pero llegó el boom del biberón y se nos olvidó que los bebés necesitan comer cada poco tiempo, que engordan mucho al principio y que luego lo hacen más despacio; olvidamos que se despiertan por la noche para tetar y para comprobar que mamá sigue ahí y que no les hace falta la leche de vaca para nada.
Lo "normal" hoy es lo que hacen los niños de biberón, porque es lo que nuestras madres han conocido: las cacas duras, las noches de tirón, el entusiasmo ante las primeras papillas... Y cualquier comportamiento diferente se considera "anómalo", aunque lo vengan haciendo los bebés desde hace millones de años.
La teta es hoy una gran desconocida y la cabeza de turco ante cualquier problema: que el niño engorda poco, es culpa de la teta; que tiene muchio carácter, será por la teta (y por cogerlo mucho en brazos), que no quiere comer otra cosa, está enviciado con la teta. Como si todos los que toman biberón fueran regordetes, buenos y grandes comedores. De postal, vamos.
Mi hijo, por ejemplo, es muy cabezota y no le gusta nada comer. A sus 18 meses se alimenta básicamente de teta, pan, galletas, manzanas, patatas fritas y chocolate. Es un problema, lo sé. Juro sobre los libros de Carlos González que preferiría que comiera de todo. Lo aclaro porque seguro que hay gente que piensa que soy tan fan de la teta que no le dejo comer nada más.
Probablemente, si le hubiera dado leche de fórmula, como es mucho menos nutritiva que la leche materna, mi hijo habría sentido la necesidad de comer alguna cosa más. O tal vez se hubiera cegado con el biberón y estaría mucho peor alimentado que ahora. Lo que tengo claro es que tampoco sería buen comedor. Es un maniático, pone caras de asco (incluso terror) cuando le ofrezco carne o macarrones, aunque no duda en quitarme el pan o el chocolate de las manos. Leo es así, y punto.
Pero me he hartado de oír comentarios del tipo: "¿pero de verdad no come más que teta?", con toda la carga de prejuicios que conlleva. Y me canso de explicar que tengo muchas amigas que dan el pecho y que sus hijos sí comen de todo. Pero parece que es culpa mía que sea un rarito, por haberle dado teta.
Si esto fuera así, entonces todos los niños nacidos antes de que a Henri Nestlé se le ocurriera apañar la leche de vaca habrían escogido la misma dieta que mi hijo. Porque TODOS tomaban pecho. Y aunque mi hijo está sano, no tengo claro si la especie humana habría llegado hasta aquí comiendo sólo galletas.
En resumen: a ver cuándo entendemos que somos mamíferos, que la dar el pecho no es un capricho ni una moda, sino la finalidad misma de esos dos atributos anatómicos que tanto llaman la atención de algunos.

3 comentarios:

Lorién dijo...

El problema básico de la teta es que da valor a la madre, a la mujer por tanto. Algo que la sociedad no quiere consentir, porque ¡adiós al consumismo! (alimentos procesados para bebes y niños, muchos medicamentos, complementos innecesarios, biberones, ...). No da dinero que las mujeres den teta. Creemos inseguridad en su propio cuerpo y ganaremos más pasta.

Además crean otro factor añadido, la frustración, reconocida, o no, escondida o no, camuflada o excusada, hace que la mayor parte de las mujeres que "no han podido" dar el pecho, ataquen a las mujeres que si lo dan.

Algo planeado y tenido en cuenta por la industria de la leche artificial para crear más dificultad a la recuperación de lo natural. Buscan el efecto "bola de nieve"

Se empieza con la gestación, se sigue con el parto, luego la lactancia, y por ultimo te hablan de las carencias psicomotrices, lo excesivamente apegado que está el niño, midiendo al milímetro cada parámetro de desarrollo, por si acaso te sientes algo segura, intentar que dejes de estarlo, y de paso ir acondicionando al niño a ser medido, examinado, y sentenciado, para que en su vida adulta no se convierta en madre o padre insumiso.

Ya de paso, dejas de pensar y de tener criterio propio, y repites como un loro todas las frases de moda, grabadas a fuego en nuestro cerebro, creyéndonos mejores y superiores a los demás porque no llevamos velo islámico, devolviendo al mundo la frustración, inseguridad y violencia que se ejerce sobre nosotros

Vaya asociación de ideas, eh, pues lo puede parecer, pero no, no es descabellado.

Y perdón Cristina por las patadas al lenguaje, se lo que te molesta, pero escribo rápido o bien y mi navegador se niega a hacer la corrección ortográfica en español.

Cristina dijo...

Vaya reflexión profunda, ¿eh? Hace mucha falta que nos recuerdes que no se trata sólo de la teta, sino de todo un sistema basado en el consumismo, el infantilismo y la sumisión de las personas, que aún así nos creemos libres al actuar conforme nos dictan.
Me ha encantado tu comentario, que por supuesto no contiene faltas de ortografía. Está perfecto.
¡Queremos más padres insumisos como tú!
Un abrazo.

Alexandra Cordero dijo...

Me ha encantado... seis meses de lactancia y no lo cambio por nada, aunque siempre esta el que habla sin saber y juzga.

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