Toda la blogosfera maternal arde de indignación con la historia de Habiba. Así que poco puedo añadir yo.
Sólo quiero decir una cosa:
DECLARO que el Instituto Madrileño del Menor es CAÓTICO y PERJUDICIAL PARA NIÑOS Y NIÑAS.
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lunes, 6 de junio de 2011
domingo, 11 de julio de 2010
Se alquila habitación
Se alquila habitación calentita, húmeda y oscura para una o dos personas. Amueblado y con gastos de comunidad incluidos. Periodo máximo de alojamiento, 9 meses. Después, si te he visto no me acuerdo. Precio a convenir.
Hoy quiero hablar de las madres de alquiler. Anoche vi un estupendo reportaje sobre este tema en Documentos TV y me he ido a dormir con el run run en la cabeza.
¿Habría madres de alquiler si el mundo fuese más justo, si la riqueza estuviera mejor repartida?
No lo creo. Pocas mujeres se embarazarían para otros por puro altruismo.
De hecho, la mayoría de las parejas viajan a países del Tercer Mundo en busca de la gestadora de su embrión. En el moderno Occidente no se permiten estas prácticas, aunque sí se consiente que se haga lejos de su vista.
Si está prohibido comprar niños, ¿cómo es que se pueden alquilar úteros? Imaginad que la noticia sobre la paternidad de Ricky Martin hubiese sido así:
"El cantante Ricky Martin compra dos gemelos por nosecuantitos millones de euros"
Suena mal, ¿no? Pues yo no lo veo tan diferente. Porque estos negocios se basan en que uno es rico y el otro pobre, así que el siempre manido argumento de que las madres de alquiler aceptan el trato libremente es falso.
La madre india que aparecía en el reportaje llevaba en su vientre al hijo de unos canadienses. Tenía dos hijos propios (condición sine qua non para esta "profesión"). Gracias a los 5000 euros que ganó con su primer embarazo para el Primer Mundo pudo construir su casa (muuuuy humilde) y mandar a sus hijos a un buen colegio.
La mujer contaba que lo más duro no era el embarazo, sino el desprenderse del niño después del parto. Pero es lo que hay, decía. Al menos sé que vivirá bien con una familia rica, se resignaba.
Me da igual de quién sea el embrión y su puñetera información genética. Esto se llama compraventa de niños.
Puedo entender la desesperación de los padres que, tras años de esterilidad, deciden viajar a India en busca de su hijo. Pero es que no lo adoptan. Se aprovechan de la miseria de una mujer para asegurarse un bebé biológicamente suyo, sangre de su sangre.
Es un tema controvertido, porque al fin y al cabo esta práctica hace felices a muchos padres ricos y ayuda a salir adelante a muchas familias pobres. Parece una buena simbiosis.
Pero si el mundo estuviese mejor repartido, los dólares de esos matrimonios desesperados no valdrían más que los billetes del Monopoly. Las mujeres indias, con sus necesidades básicas cubiertas, se reirían en su cara de guiris si les pidieran por favor gestar a sus hijos.
Siempre podrían encontrar alguna mujer, sin necesidad de salir de Estados Unidos, lo suficientemente avariciosa como para meterse en este jaleo. Pero les saldría bastante más caro que ahora, seguro.
El reportaje enlazaba el tema de las madres de alquiler con el tráfico de órganos. Porque en el fondo se trata de lo mismo. Ricos desesperados que recurren a los más pobres para obtener lo que quieren a golpe de talonario.
Los reporteros viajaban a la Bacora, en Filipinas, también conocida como "La isla de los que sólo tienen un riñón". Con eso lo digo todo.
Entiendo que la gente quiera tener hijos, y también que no quiera morir en la lista de espera para un trasplante. Pero no está bien coger este atajo, porque hace todavía más ancho el abismo entre pobres y ricos, entre afortunados y miserables.
El fin no siempre justifica los medios.
Hoy quiero hablar de las madres de alquiler. Anoche vi un estupendo reportaje sobre este tema en Documentos TV y me he ido a dormir con el run run en la cabeza.
¿Habría madres de alquiler si el mundo fuese más justo, si la riqueza estuviera mejor repartida?
No lo creo. Pocas mujeres se embarazarían para otros por puro altruismo.
De hecho, la mayoría de las parejas viajan a países del Tercer Mundo en busca de la gestadora de su embrión. En el moderno Occidente no se permiten estas prácticas, aunque sí se consiente que se haga lejos de su vista.
Si está prohibido comprar niños, ¿cómo es que se pueden alquilar úteros? Imaginad que la noticia sobre la paternidad de Ricky Martin hubiese sido así:
"El cantante Ricky Martin compra dos gemelos por nosecuantitos millones de euros"
Suena mal, ¿no? Pues yo no lo veo tan diferente. Porque estos negocios se basan en que uno es rico y el otro pobre, así que el siempre manido argumento de que las madres de alquiler aceptan el trato libremente es falso.
La madre india que aparecía en el reportaje llevaba en su vientre al hijo de unos canadienses. Tenía dos hijos propios (condición sine qua non para esta "profesión"). Gracias a los 5000 euros que ganó con su primer embarazo para el Primer Mundo pudo construir su casa (muuuuy humilde) y mandar a sus hijos a un buen colegio.
La mujer contaba que lo más duro no era el embarazo, sino el desprenderse del niño después del parto. Pero es lo que hay, decía. Al menos sé que vivirá bien con una familia rica, se resignaba.
Me da igual de quién sea el embrión y su puñetera información genética. Esto se llama compraventa de niños.
Puedo entender la desesperación de los padres que, tras años de esterilidad, deciden viajar a India en busca de su hijo. Pero es que no lo adoptan. Se aprovechan de la miseria de una mujer para asegurarse un bebé biológicamente suyo, sangre de su sangre.
Es un tema controvertido, porque al fin y al cabo esta práctica hace felices a muchos padres ricos y ayuda a salir adelante a muchas familias pobres. Parece una buena simbiosis.
Pero si el mundo estuviese mejor repartido, los dólares de esos matrimonios desesperados no valdrían más que los billetes del Monopoly. Las mujeres indias, con sus necesidades básicas cubiertas, se reirían en su cara de guiris si les pidieran por favor gestar a sus hijos.
Siempre podrían encontrar alguna mujer, sin necesidad de salir de Estados Unidos, lo suficientemente avariciosa como para meterse en este jaleo. Pero les saldría bastante más caro que ahora, seguro.
El reportaje enlazaba el tema de las madres de alquiler con el tráfico de órganos. Porque en el fondo se trata de lo mismo. Ricos desesperados que recurren a los más pobres para obtener lo que quieren a golpe de talonario.
Los reporteros viajaban a la Bacora, en Filipinas, también conocida como "La isla de los que sólo tienen un riñón". Con eso lo digo todo.
Entiendo que la gente quiera tener hijos, y también que no quiera morir en la lista de espera para un trasplante. Pero no está bien coger este atajo, porque hace todavía más ancho el abismo entre pobres y ricos, entre afortunados y miserables.
El fin no siempre justifica los medios.
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