martes, 9 de noviembre de 2010

Saber delegar

delegar.
(Del lat. delegāre).

1. tr. Dicho de una persona: Dar a otra la jurisdicción que tiene por su dignidad u oficio, para que haga sus veces o para conferirle su representación.


De vez en cuando me gusta buscar en el diccionario el significado exacto de una palabra. Me sirve para reflexionar, como a mi detective griego favorito, el comisario Kostas Jaritos. Hoy me he parado a pensar en lo que es "delegar", a raíz de una conversación que tuve con otra madre.

Empezaré recordando que soy madre trabajadora, y que mi marido también trabaja fuera de casa. Así que antes de que naciera Leo decidimos "delegar" las principales tareas domésticas a una asistenta que viene dos horas y media a la semana. Debo decir que es el dinero mejor invertido de mi vida. Florica es fantástica, la considero una amiga, y mi casa por fin está limpia de verdad (al menos durante unas horas). Hay gente que piensa que podríamos hacerlo nosotros, que es un lujo. Ciertamente lo es. Sobre todo para mí, porque odio limpiar. Pero yo lo veo del siguiente modo: los dos trabajamos fuera de casa muchas horas y cuando llegamos a casa no tenemos ganas de ponernos a hacer las tareas del hogar. Preferimos ocuparnos del niño y descansar. Por eso hemos escogido "delegar" esa responsabilidad en otra persona y pagarle por ello.


La madre con la que hablaba el otro día también trabaja muchas horas. Más que yo, porque no se ha reducido la jornada. Tiene un trabajo que le gusta y que le da un buen sueldo, y parece que su marido está en la misma situación. Seguro que ellos también tienen asistenta, y apostaría a que va más de un día a la semana. Pero ellos no sólo han delegado sus tareas de limpieza, sino que han contratado una niñera para que se ocupe de su bebé 8 horas al día.


Que no se me enfade nadie. Me parece una opción razonable para quienes de verdad no puedan ocuparse directamente de sus hijos. Creo que para los niños es mejor tener un cuidador en exclusiva que una monitora ocupada de otros 6 bebés al mismo tiempo. Con niñera no hay que obligar al niño a madrugar, se pueden respetar mejor sus ritmos y no se expone a los mil virus de una guardería. Pero también creo que, si se tiene dinero para contratar una nanny a tiempo completo, se puede una permitir el lujo de pedir una excedencia o una reducción de jornada.

Y me diréis: pero qué retrógrada, ya está el neomachismo intentando que la mujer trabajadora vuelva al hogar. Tal vez esa madre sea una estupenda periodista de El Mundo que no quiera perderse ni un minuto de su apasionante jornada laboral, o que tenga miedo de que le pisen el puesto si se retira a segunda línea de batalla durante unos meses. Pues me da lo mismo. En el caso de la madre que empezaba esta historia, está claro que ha hecho lo que creía mejor para su hijo y para ella. No lo dudo en absoluto.


No quiero criticarla. No pienso que sea una mala madre. Sencillamente me da lástima ( y no lo digo en plan borde). Me da pena porque se está perdiendo lo mejor de la vida,según mi humilde entender. Esta mujer ha "delegado" su tarea como madre. Ha escogido su carrera profesional y se va a trabajar cada mañana contenta, satisfecha, con la tranquilidad de dejar a su hijo en buenas manos. Pero mientras ella trabaja y se autorrealiza, otra mujer está criando a su bebé. Le está despertando amorosamente por la mañana, le está dando el desayuno, está recibiendo sus sonrisas, está jugando con él, lo viste, lo pasea, lo castiga cuando se porta mal... Y no deja de ser una empleada, que hace todo eso a cambio de un salario. El niño recibe cariño, pero no es el de sus padres. Cuando éstos llegan por fin a casa, deseando verlo y/o descansar un rato, lo llaman tiempo de calidad. Creen recuperar el tiempo perdido, pero ése nunca vuelve.


Los primeros años de un niño son maravillosos, irrepetibles. Yo sacrificaría cualquier cosa, y por supuesto mi profesión, por pasar más tiempo con mi hijo. ¡Ups! De hecho, creo que ya la he sacrificado.

Una se puede realizar de muchas maneras, no es necesario trabajar para otros para sentirse mujer productiva a la vez que madre. No deleguemos las tareas de crianza, igual que no delegaríamos el sexo o las vacaciones de verano.

Las cosas buenas de la vida hay que hacerlas en persona.

3 comentarios:

Patricia dijo...

Ay, qué razón tienes, me ha encantado el final.

etiKeta dijo...

Y porque no dices lo mismo del padre? el tampoco a dejado su trabajo para cuidar de su hijo!

Cristina dijo...

Hola etiKeta. Lo que digo es perfectamente aplicable a los padres en general. La crianza es cosa de dos y ambos se están perdiendo los mejores años de su hijo. Me he centrado en la madre porque fue ella y no su marido quien me contó lo de la niñera. Y también porque yo soy madre y barro para casa, no lo puedo evitar.
Defiendo a muerte el reparto de tareas domésticas en general pero, cuando hablamos de un bebé, creo que la madre es más imprescindible. Es lo natural, sobre todo si le da el pecho. Defiendo la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, pero también el derecho de los niños a recibir la mejor alimentación, la leche materna. No tendría sentido, en mi concepción del mundo, que un padre se redujera la jornada para criar amorosamente a su bebé (cosa perfectamente posible y recomendable), para que mientras tanto la madre trabajase 8 ó 10 horas a destajo = probable fin de la lactancia. El biberón permite cambiar los roles, y hay muchas feministas que lo alaban por eso. Pero a mí, y me considero tan feminista como la que más, no me parece la mejor opción para la salud integral del bebé (ni para la de la madre, todo sea dicho). Puedo entender el caso de Carme Chacón: un ministerio no te lo ofrecen todos los días. Pero la mayoría de nosotras no dejamos a nuestros bebés por trabajos así.

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