jueves, 15 de julio de 2010

Hay días que...

Hoy hemos dormido bien y todo vuelve a brillar. Pero ayer tuve uno de esos momentos oscuros en los que tu vida te parece una pesadilla.

Dos noches atrás hizo un calor asfixiante. La vecina sorda tenía puesto Sálvame a todo volumen y sonaba igual que si hubiera una pelea multitudinaria en la calle. Así que además tuve que cerrar el balcón. Entre sudores, Leo me despertó como mínimo 10 veces. No pegué ojo, pero por la mañana me levanté con buen ánimo.

El día transcurrió sin más sobresaltos que los normales, salvo por la visita de mi suegra, que vino a quedarse un rato con el niño. Leo, que se olió que lo dejaba con la abuela- canguro, se cogió un choto de mucho cuidado. Casi no pude irme a trabajar, pobrecico mío...

Al llegar a casa de nuevo, casi por la noche, seguía de buen humor. Leo es agotador, está en plena época de rabietas y es muy trasto, pero todavía me quedaban algunas reservas de energía y pude poner en práctica todo mi arsenal de psicología positiva para serenar al niño. Incluso mi marido estaba contento e intercambiamos algunas bromas. Paz y armonía en el hogar.

Pero las horas pasan, mis párpados pesan más y más y Leo no se duerme. Casi nunca lo hace antes que su padre se vaya a dormir. Pero su papá estaba muy entretenido haciendo mil tareas de la casa perfectamente posponibles, y no hacía caso a mis ruegos para que se fuera a la cama. Cuando él está cansado, se va tranquilamente a las diez y media y aquí paz y después gloria. Pero ayer no le salía de los cojones.

Leo estaba cada vez más agotado y agotador, chillaba por cualquier cosa y a mí se me habían acabado las reservas.

Yo no espero que mi marido lo duerma, ni siquiera que lo entretenga. Ya sé que eso sería pedir demasiado.

Sólo le pedí que se fuera a la cama de una puta vez, ya ves tú qué trabajo más grande.

Pero no fue tan sencillo. Hubo bronca de por medio, niño que chilla, padre que por fin se va y madre que se derrumba. Era la una de la mañana. En cuanto su padre apagó la luz, Leo vino a mi regazo y se durmió.

Suerte que no sabe que estoy triste cuando lloro. En su bendita inocencia, se cree que me estoy riendo y se ríe conmigo.

En la oscuridad de la noche, con mis dos hombres dormidos, me sentí una desgraciada. Pero era mi cansancio infinito el que hablaba. Hoy, después de un sueño reparador, vuelvo a estar en paz con el mundo.

PD: Lo que todavía no sé es si volver a dirigirle la palabra al padre de la criatura. #€&%*{}

6 comentarios:

eva dijo...

Animo y guarda fuerzas para la próxima

Anya dijo...

Animo mujer. Creo que sin estos "malos" ratos no se saborean mejor los buenos.
Ademas cuanto mas feliz eres, una pequeña cosa (que nunca nos parece que es pequeña ^^) se nos hace una tragedia ;)
b7s

P.D. a mi lo que me calma mucho en estos casos y me ayuda a pensar es esa carita que nos ponenen nuestros peques cuando nos ven llorando y nos hacen una sonsisa como si nos quisieran animar. Que alomejor si que lo hacen aproposito al igual que nos ven a nosotras sonreirles cuando ellos lloran ¿? quien sabe ^^

Cristina dijo...

Gracias por vuestro apoyo. Ya estoy más contenta, pero es que hay ratos...
Tal vez tengas razón, Anya, y Leo me sonríe para animarme. Es bonito pensar eso. A veces creemos que son demasiado pequeños para hacer cosas así, pero no, no...

Juana dijo...

Es normal....los niños son más sensibles a las altas temperaturas...y sobre todo, cuando éstas son por la noche, toman manías y se ponen penosos (como las personas adultas tb jejejej jajaja)..........una duchita justo antes de dormir le relajará muchisisisiismo...y al padre de la criatura leéle bien la cartilla o que se haga luego cargo del niño hasta que se duerma...jejejeje

Anónimo dijo...

Hola Cristina,
Te sigo desde casi el primer post pero nunca me había animado a comentar, eres una madre rebelde y quizás yo soy otra pero había cosas que decías con las que no me sentía identificada...hasta ahora, he leído tu post del pueblo y ahora este, el tema de los padres de las criaturas es un filón del que nadie habla, no se puede generalizar pero cuando me preguntan si mi pareja me ayuda con el niño se me llevan los demonios, broncas conyugales he tenido mil porque para mi la crianza es una cosa de dos e hiperdemocratica, me he cansado de oír "pero es que tu solo trabajas 6 horas" (me he cogido jornada reducida) ¡no señor! es que yo ADEMÁS trabajo por las mañanas, chica, a veces me siento una insurgente y revolucionaria en mi propia casa.
Por cierto, mi hijo tiene casi 11 meses por lo tanto este es su primer verano, jamas nos hubiéramos imaginado que sufriera tanto el calor.
Un abrazo

Cristina dijo...

El tema de los padres me temo que lo voy a abordar a menudo, porque a mí también se me llevan los demonios con esto del reparto de responsabilidades. Suerte que mi marido no lee el blog, jejeje...
Por cierto, si este es tu primer verano con bebé prepárate. Pero no sólo por el calor. Las vacaciones pueden ser un oasis de calma y niño compartido, o bien una pesadilla donde ya no tienes las 6 horas de trabajo para "descansar" y desconectar de la crianza.
Hace una año viví yo esta situación y no me gustó nada. Confío en que a ti no te pase y que a mí no se me repita. Lo mejor es hablar las cosas antes y repartir las horas de responsabilidad de antemano, porque si no nos toca cuidar al niño el 99% del tiempo. Que conste que me encanta estar con mi hijo, pero me jode mucho que su padre se escaquee.
Un saludo, y anímate a opinar también cuando no estés de acuerdo con lo que digo. Cuantas más visiones, mejor.

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