miércoles, 8 de septiembre de 2010

Tiempo, divino tesoro

Me ha costado arrancar después de las vacaciones, pero aquí estoy. Se me ocurrían muchos temas para este primer post, pero no me decidía por ninguno. Pero al final voy a hacer caso a Rebeca, una compañera, y voy a hablar de lo bien que lo he pasado este mes con mi pequeña familia.

He tenido vacaciones todo el mes de agosto, de tirón, y me ha cundido mucho. Hemos estado en la playa con mis padres, en el pueblo de mi marido con mis suegros y ¡por fin los 3 solos! en una casa rural de Cantabria. He leído sin parar, me he arrugado en la bañera y he hecho el muerto en la piscina, me he engordado nosecuántos kilos comiendo cosas ricas (esos huevos fritos de corral, mmmm....) y, sobre todo, he disfrutado perdiendo el tiempo con Javi y con Leo.

El verdadero lujo en esta vida es el tiempo, poder disponer de él para lo que te apetezca, para estar con quien más quieres. El dinero sólo sirve si tienes el suficiente como para comprar tiempo libre. Los pobres, entre tanto, tenemos las vacaciones. Y cuando tienes hijos, el verano es un oasis donde recuperar todos los momentos perdidos por culpa del trabajo.

Por eso me ha sorprendido leer en el Dominical del Periódico esta semana, en la columna de la escritora Najat El Hachimi, que para muchos padres resulta agotador pasar tantas horas con sus retoños, cuando por fin pueden hacerlo. La mujer viene a decir que tenemos idealizada la maternidad, y que no todo son desayunos de anuncio en familia y sonrisas. Que se puede acabar hasta el moño si ejerces de madre o padre las 24 horas.

No digo yo que no sea cansado estar todo el día pendiente de los críos, porque lo es; ni que no sean saludables unos momentos a solas. Pero es que todo el artículo destila un aroma que ya llevo oliéndome mucho tiempo: que para muchos, los hijos son una carga y no un placer.

En mi caso, durante el resto del año, mi marido y yo nos repartimos el cuidado del niño: yo por las mañanas y mi marido por las tardes. Esto significa que, cada uno en su horario, tenemos que estar pendientes al 100%. Eso sí que cansa, porque luego además debemos cumplir nuestro horario laboral. Pero en vacaciones todo cambia, porque estamos los tres juntos y un rato lo vigila su padre y otro rato yo. Así ambos podemos "desconectar". Yo no necesito alejarme de Leo para respirar tranquila ni para sentirme mujer además de madre.

También es verdad que sólo tengo un hijo (de momento) y que todavía es pequeño (20 meses ya). Imagino que con dos niños de 7 y 9 años, por ejemplo, revoloteando por ahí, la cosa cambia. Pero creo que los padres de hoy tenemos que cambiar el chip. Nadie nos obliga a tener hijos (madres y suegras no cuentan), así que ¿por qué nos quejamos tanto?

Otro término que se oye mucho es lo del "tiempo de calidad", un eufemismo que consuela a todos aquellos padres que apenas ven a sus hijos y que quieren creer que con un ratito, pero bueno, ya han cumplido. Entiendo que a veces no es posible trabajar menos horas, pero al menos llamemos a las cosas por su nombre. Tengamos claro que no estamos haciendo lo mejor por nuestros hijos y enfadémonos contra el sistema que nos obliga a pasar tanto tiempo lejos de ellos.

Remata la columna del Dominical diciendo que "como tenemos tan pocos niños y los tenemos tan poco rato, lo que estamos obligadas a decir es que esos días de descanso han sido maravillosos". Pues yo no lo digo por quedar bien: este verano con mi marido y con mi hijo ha sido verdaderamente maravilloso.

4 comentarios:

Patricia dijo...

Hola guapa! Te sigo y te he enlazado...bienvenida. Toda la razón, desde que nació Catuxa he entendido lo que es la palabra tiempo en toda su extensión y la importancia que tiene sobre todo los primeros años. Cuando estoy en la oficina por las mañanas me subo por las paredes, porque...sabes? ella es otro bebé-niña cuando estoy con ella las 24 horas. Por qué será? será que es lo natural?

Patricia dijo...

Por cierto, nosotros también nos lo repartimos, él mañanas y yo tardes y algunos días noches. Durillo eh! Pero merece la pena a que sí!

Cristina dijo...

Hola Patricia. Merece tanto la pena que no sé cómo no somos ya mayoría quienes lo hacemos así. Y eso que estos días he mirado gimnasios y me resulta imposible ir a no ser que ponga al niño en la bici estática. Pero no se me ocurre meter al niño en una guardería sólo para hacer algo totalmente prescindible.

Ileana dijo...

No, si ya que tenemos tan pocos niños y los tenemos tan poco rato, lo que hay que decir es que ese rato me jode un montón.

¿Entonces para qué lo has tenido? Digo yo.

No sé cómo son capaces de decir estas cosas sin ruborizarse, sin despeinarse... Intentando tratar con humor y desenfado algo que no puede ser tomado a broma: el desprecio y el desafecto por los niños.

Estamos tocando los mismos hilos!!!

Un abrazo!!!

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