lunes, 3 de marzo de 2014

La revisión

Hoy me he decidido a escribir durante la siesta de Gabriel porque necesito compartir lo que me ha ocurrido hoy en el centro de salud durante la revisión de los 4 meses. Creo que es un buen ejemplo de la actitud que tienen muchos profesionales de la pediatría hacia la lactancia materna y hacia la crianza en general.

La revisión de este mes se hace con la enfermera pediátrica y no con la pediatra (que aún tiene más tela). Hoy estaba acompañada de una estudiante, lo que ha hecho que aún me diera más rabia después. ¿Qué aprendizaje está haciendo esta futura enfermera? En fin... El caso es que la historia ha empezado bien, muy cordial todo. Un sonriente Gabriel se ha dejado medir y pesar sin protestar demasiado. Tampoco ha parado quieto. Les ha dedicado todas sus proezas recién adquiridas: reírse a carcajadas, sacar la lengua, hacer gorgoritos y el número especial, ponerse de pie. ¡Tacháaaaan! Ante la pregunta obligada de qué tal caga el niño he respondido que cada 4 días habitualmente. Ella ha puesto cara de preocupación: "¿hace caquitas duras entonces?". No, señora, ya le he dicho que le doy el pecho. Es bastante improbable que un bebé que tome teta cague duro. Él está contento y no se queja de la tripa. Bien, sigamos adelante." ¿Le das la vitamina D?" "Sí, por supuesto". Para nada se la doy, pero en este punto prefiero mentir, que es más rápido. Mira que les gusta a los médicos recetar cosas. Se supone que los bebés tienen carencia de esta vitamina, lo que podría llegar a derivar en raquitismo. Pero el propio metabolismo del niño la fabrica en cuanto le da la luz del sol. Así que en Suecia puedo entender que tomen un suplemento, pero aquí sol, siestas y paellas no nos faltan.

Volvamos a la revisión de hoy. La enfermera es una persona meticulosa. Se sabe todos los pasos y es muy ordenadita. Ha pasado con gran concentración los datos al ordenador, donde un programa (como los que hay a porrillo en internet) le ha calculado las tablas de percentiles. Aún guarda mi madre las mías hechas a lápiz, qué tiempos. Estas maravillosas tablas son pura estadística y nada más, una guía para saber si nuestro bebé se ajusta a la "normalidad". Si dice que está en el percentil 70 solo quiere decir que, de 100 niños, 30 pesan o miden más que él, y otros 70 menos. Pero todos son "normales". Los adultos también somos altos o bajos, delgados o gordos de constitución y no por eso estamos necesariamente enfermos. Bien, pues aclarado este punto, no entiendo por qué se veneran estas tablas como si las hubiera bajado Moisés del Sinaí. Si el niño crece y tiene aspecto sano, me da igual si sigue una curva o va en zigzag. Además de que con una muestra de medidas tan pequeña: al nacer, al mes, a los dos meses y a los cuatro, poca validez estadística tiene nuestra curva.

Gabriel estaba a los dos meses en el percentil 50 clavado, tanto de peso como de altura. O sea, que está en la media más media. Y nada más. La enfermera se quedó muy conforme en aquella revisión, como si el 50 fuera el número más saludable posible. ¡Pero no es así! Hoy, Gabriel seguía ajustándose al 50, ese número dorado, en la altura, pero en el peso.... ¡Oh, dios mío! ¡Ha bajado un pelín! Habrá que vigilarlo.

¡¡¿¿ En serio me lo estás diciendo??!! Puede parecer que ha bajado de peso, pero no. A los dos meses pesaba 5,5 kg y ahora pesa 6,170 kg. Engorda, crece, sonríe, juega y hasta se pone de pie. Está más cachas que yo, el tío. Pero la enfermera solo veía que esa curva (de cuatro puntos) ya no era tan curva. Me ha dicho que volviera en dos o tres semanas para ver cómo sigue de peso y yo le he dicho que no veía la necesidad. Ya estamos con la loca de la teta, a ver. En la revisión de los dos meses me tocó las narices con el mismo tema. Me preguntó si tomaba pecho o biberón y cuando le respondí me citó a los tres meses. Yo me quedé con la mosca detrás de la oreja y le pregunté cómo citaban a los de biberón y me dijo que a los cuatro "porque los de pecho suelen ir más justitos de peso". ¿El mío estaba justo de peso? ¡Pero si estaba en los happy fifty! Lo acababa de ver ella con sus propios ojos. Da igual, la teta no alimenta, amigas. La suerte que tengo es que no soy madre primeriza y Leo es la estampa viviente de que mi leche es material de primera, así que muy digna y muy respetuosa le contesté a la enfermera que yo vendría a la revisión a los cuatro meses como los de biberón y no antes. Como quieras, me dijo. Mala madre, pensó seguramente.

Así que hoy su miedo se ha hecho realidad. No hemos vigilado a este bebé semanalmente y ya no sigue la curva del 50, oh my god, ¡lo estamos perdiendo! Le he dicho de nuevo que no veía ningún motivo de preocupación y me ha dicho que me lo pensara mientras iba a preparar las vacunas (porque esta mala madre sí considera las vacunas un gran avance científico).  Por supuesto que no iba a ir a pesar al niño treinta veces para que ELLA se quedara más tranquila. Si es una neurótica es su problema. Cuando han vuelto estaba yo con Gabriel en la teta. Al ver a las chicas ha soltado el pezón para sonreirles y se ha puesto perdido de leche. Jejeje. Cuando me iba a citar para la próxima yo ya tenía preparado mi discurso, incluida la puntualización de que las tablas que ella maneja son de niños de biberón y que debería contrastarlo con las de la OMS de lactancia materna. Pero no he podido pontificar. Resulta que la semana que viene le toca otra vez la vacuna del Prevenar (70 leuros cada dosis, porque no lo cubre la SS. Eso da para otro post). "Así le pesamos también y vemos si ha mejorado". Arghhhhhhh... He preferido no cogerla por el cuello y me he ido.

La pediatra también me dijo en la revisión del primer mes algo parecido. Primero casi me felicitó por darle el pecho (¿pero por qué se sorprenden?) y después, cuando vio que iba bien de talla y peso me dijo: "de momento puedes seguir dándole el pecho?". ¿Perdoneeeeeee? ¿De momentoooo? ¿Va usted a decirme si puedo o no puedo darle teta a MI HIJO? Faltaría más.

Está claro que en mi centro de salud (Actur Sur, Zaragoza) dar el pecho se considera un capricho de la madre que se puede tolerar (porque pasas defensas y eso) mientras el niño no corra peligro. Pero en cuanto las tablas no encajen habrá que clavarle un biberón y se acabó este jueguecito de las tetas, ¿eh? Por supuesto que a mí no me hacen dudar ni un solo segundo de mi capacidad para alimentar a mi bebé, pero me cabreo como una mona por varios motivos:

1.- Cuando las madres primerizas que no se han empollado veinte libros de lactancia y que no han tenido tan buenas matronas como yo (esto va por Mariángeles, gracias) se encuentran con profesionales como estas ¿qué ocurre? Dar el pecho puede ser difícil al principio, todo es muy raro si no tienes otras madres lactantes a tu alrededor. Así que es genial que te metan más miedo en el cuerpo. ¿Y si no engorda por mi culpa? ¿Y si mi leche no le alimenta lo suficiente? Si la pediatra cree que le hace falta un biberón de apoyo habrá que dárselo, ¿no? (aplauso de las suegras). Sí, claro, mujer. Tú sigue con el pecho como siempre, que les consuela mucho, pero le das leche artificial que así sabrás la cantidad que toma y te quedas más tranquila (y tu suegra y tu pediatra también). En dos semanas se te habrá retirado la leche porque si el bebé no chupa la teta no trabaja, pero así se llega a la profecía autocumplida. ¿Ves como no alimentaba? Suerte que le metimos el biberón a tiempo y el bebé no ha bajado del percentil 50. Uf, qué alivio.

Que quede claro que yo RESPETO profundamente a las madres que DECIDEN dar leche artificial. Creo que las mujeres somos algo más que incubadoras y neveras, y que cada una hace con su cuerpo lo que le resulta más agradable y cómodo. La ciencia nos permite hoy elegir y eso siempre es un avance. Que la leche de bote no es tan buena como la materna es un hecho incontestable, pero eso no quiere decir que la otra sea mala. Son perfectamente saludables las dos y cada mujer hará lo que considere oportuno. Así que tanta manía le tengo a mi pediatra como a los profesionales que hacen sentir malas madres a las que no dan el pecho.

2.- La pediatra y la enfermera pediátrica de mi centro de salud son profesionales y deberían conocer todo lo relativo a la lactancia materna, pero no es así. Su desconocimiento y su actitud habrán echado por tierra un montón de lactancias exitosas durante estos años, estoy segura. Porque las madres confían en que ellas saben de lo que hablan. La alimentación de los bebés es algo con lo que tratan todos los días, así que no entiendo esas lagunas, esos océanos enteros de conocimiento que no han adquirido para ejercer su profesión con rigor y con responsabilidad. Estudien, señoras, estudien. La información está ahí, a su alcance. No sean tan cuadriculadas, por favor. Y aprendan sobre todo a distinguir lo que es su competencia y lo que no, porque ustedes previenen y tratan las enfermedades infantiles, nada más. No vuelvan a juzgar a ninguna madre, porque ustedes no son ninguna autoridad moral. Si quiero practicar el colecho con mi bebé, explíquenme en qué casos se considera peligroso, pero no me juzgue. Si quiero dar la teta hasta los tres años es cosa mía (o hasta que vaya a la universidad). Si usted me explica para qué sirve la vitamina D y yo prefiero no darla es mi responsabilidad. Y si el niño habla por los codos o no se está quieto tampoco es de su incumbencia. Hay cuestiones que solo corresponde decidir a los padres de la criatura.

Ustedes hagan bien su trabajo que yo intentaré hacer bien el mío.

4 comentarios:

Laura ivm dijo...

Soy madre de un niño de 26 meses que sigue tomando pecho, fundamentalmente porque no tengo ganas de hacerle pasar por un destete para el que no le veo preparado. En la revisión de los dos años se había quedado por debajo del mínimo de los dichosos percentiles, así que "para quedarnos tranquilas" la pediatra le mandó hacer análisis completos de sangre, orina y heces. Mientras me explicaba todo (incluyendo las dos horas de ayunas antes de sacarle sangre, un horror dándole pecho...) mi hijo estaba mamando, y el comentario de la pediatra fue: "este niño está muy enganchado al pecho..." Es cierto que lo dijo a media voz y dándose ya la vuelta pero lo dijo, y hasta ahora no había habido ningún problema, la enfermera me animó a seguir con la lactancia hasta dos semanas antes de empezar a trabajar, ya con cinco meses y medio, y luego a darle alimentación complementaria en vez de biberón (aunque finalmente decidimos darle unos 90 ml de leche artificial a media mañana).
Pues bien, los análisis salieron perfectos y a los dos meses el niño ya había dado un estirón, así que hasta junio no tiene que volver. Eso sí, en la medida de lo posible y aprovechando que trabajo fuera de casa intentaré que sean los abuelos ( o su padre) quienes le lleven, para evitar "tentaciones" de mi hijo, al que hoy por hoy no le veo preparado para renunciar a su teta en momentos de estrés como son los de desnudar y pesar ante desconocidas.

Paula dijo...

Hola, afortunadamente tuve harto apoyo en la lactancia de los profesionales con mi primer hijo, y con el segundo igual bien (aunq no de toda la familia/amigos).

Un comentario de los percentiles pq mis niños han sido de 80% hasta el año y luego han bajado al 50%. Lo que me han dicho al yo estar primeriza preocupada con las curvitas es que un cambio de dos curvas o mas (75 a 25 o viceversa) era para investigarlo.

quizás podrías tratar de educarlas, así existe la posibilidad que duden y alguna madre primeriza se salve del discurso del biberón

duermefeliz dijo...

Me ha encantado tu blog. No he podido leer demasiado pero volveré para darme una vuelta más detenidamente. Jeje.
COn tu permiso me quedo por aqui.
Un saludo

Eva dijo...

Que bueno Cristina! Aunque mas de una vez me pregunto, cambiarian esos sanitarios anti-lactancia su postura si mas de una madre les dejara en evidencia?...

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